Construimos el tiempo de amor universal
Una vez el Baal Shem permaneció rezando en la Casa de Oración durante muy largo tiempo. Sus discípulos habían terminado de orar, pero el proseguía sin prestarles atención.
Esperaron por el un lapso razonable y luego se fueron a sus ocupaciones. Después de algunas horas regresaron a la Casa de Oración y encontraron al rabbí entregado aún a sus plegarias.
Más tarde el Baal Shem les dijo:
“Os habéis ido y me habéis dejado solo en la oración y esa separación fue dolorosa para mi. Os contaré una parábola:
Sabéis que hay pájaros viajeros que en el otoño vuelan hacia los países cálidos. Pues bien, la gente de esas comarcas vio una vez un pájaro maravilloso de bellos colores en medio de una bandada que volaba por el cielo.
Jamás los ojos de los hombres y mujeres de este mundo habían contemplado un pájaro tan admirable. Se posó en la copa del árbol más alto y anidó entre el follaje.
El pájaro tenía los colores del arco celestial y verlo era regocijarse y vibrar en esos siete e infinitos colores que hacían que las personas se sintieran libres, sanas, amorosas…
Cuando el rey de aquella nación oyó hablar de ello se puso en campaña para ver de que manera podría tener a ese ser tan bello y extraordinario.
Ordenó a sus hombres que formaran una escala para subir al árbol. Y uno se montó sobre los hombros del otro hasta que fue posible llegar bastante alto como para apoderarse del nido.
Pero llevó un largo tiempo construir esta escalera viviente. Aquellos que estaban cerca del suelo perdieron la paciencia. Sacudieron los hombros y todo se desplomó.
En este momento de construcción de esta escalera humana, aquí: en este nuevo tiempo, en este nuevo lugar, intentamos rescatar el espíritu del ser que construye sabiendo que cada ladrillo, cada piedra y cada ser es el instrumento del Supremo Constructor.
Que la Vida nos llama a estar presentes en cada Eterno Ahora, en la tranquilidad y el sosiego para ser en acción creadora. Y que todo lo que nos atormenta nos corre del lugar en la escalera que une la tierra y el cielo para que podamos desplegar nuestras alas y ser en la misión de humanidad.
Así como los ángeles servidores del Shabat se hacen presentes en este momento a través de las virtudes que reconocemos en nuestro propio corazón, del mismo modo somos en este Servicio Religioso que nos impulsa a vivir en religiosidad.
Por ello podemos reconocernos en el lugar que hoy estamos.
Por ello nos quedamos en el punto supremo en el que sostenemos al mundo sosteniéndonos en equilibrio y sabiduría.
Por ello sentimos como vibramos en los infinitos colores del arco celestial que nos envuelve en Su inmensa majestuosidad Creativa. Amen
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