Publicado el 19 de Marzo de 2009 en Enseñanzas de Nuestro Rabbí

Encendiendo las luces del alma

Cuando llega este momento en donde las luces del Shabat han de ser encendidas, el símbolo nos sumerge en la manera  que, cada uno de los que hoy estamos aquí, tenemos la posibilidad de tomar contacto con dos intenciones.

Recordar y Cuidar el Shabat. Dos formas de recordarnos y cuidarnos a nosotros mismos, recordando y cuidando el mundo que nos rodea y que nos permiten tener la experiencia de comunidad humana.

Encendemos dos luces que nos inspiran a buscar en nuestra propia interioridad la energía amorosa por dos senderos con un mismo fin: Sentir que podemos desconectarnos por un momento de las durezas y rispideces de la vida cotidiana para habitar lo trascendente de la Vida en estado Extraordinario Reconocible.

Entonces, al mismo tiempo que las llamas de las candelas iluminan el ámbito en el que nos encontramos prestos a celebrar la santidad de la Creación, en ese mismo instante la llama del fuego sagrado del amor se enciende en cada uno de nuestros corazones.

Somos el amado que recibe a la novia y nos preparamos para encarnar el enlace sagrado que nos da la posibilidad de transformarnos en amantes incondicionales de la Vida en Su manifestación sagrada porque podemos Ser en Unificación.

Nos preparamos  para Ser en el Shabat. No solamente celebramos, sino que somos la celebración misma al rescatar, de lo más hondo de nuestro ser, la Eternidad  que se hace presente cuando podemos ser en consciencia en este “Ahora”. No existe otro tiempo que aquel en el que podemos decir Hineni: Heme aquí dispuesto a Ser en la Creación del Ribonó Shel Olam: Señor del Universo.

Así somos Suprema Creación siendo luz, al encendernos en alegría y gozo,  a través de estas luces del Shabat.