La luz Suprema
La luz Suprema parte desde un punto primordial.
Se expande eternamente más allá de nuestras conciencias para iluminar siempre la Senda de la Vida.
Todo es luz. Nosotros somos Luz.
Espíritu que se hace Cuerpo para ser en Santidad.
Podemos sobrevivir en el olvido y seguir en el intrascendente torbellino de oscuridad. Más de allí proviene todo Espíritu y todo Ser, pues la luz deviene de la oscuridad, es parida para ser obra creativa y transformar todo en Vida Consciente.
La luz del Shabat enciende los corazones dormidos y los une en el desafío incesante de ser Vibración. El acorde Universal se va creando Eternamente con los infinitos sonidos de la multiplicidad de rostros supremos de naturaleza fulgurante que se manifiesta en Grandeza y Sacralidad.
En este momento de trascendente pasaje hacia la Iluminación, el planeta se estremece porque nosotros somos en El siendo en el Universo. Y Todo, sí… el Todo Sagrado se ilumina en este instante de maravillosa vivencia.
Sentimos los aromas del Paraíso y los cantares de arroyos y ríos que nos cantan en nuestra canción.
Para encender las luces del Shabat sortean la ilusión del tiempo y el espacio los seres que siempre están. Aquellos que hoy resuenan en nuestras Eternas Memorias. Y en este tiempo somos Unidad.
Y de este modo las velas del Shabat, símbolo del fuego creador del Eterno, nos permiten ser en experiencia divina y dar vida a todo lo que nos contiene y rodea en la bendita existencia.
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