Publicado el 19 de Marzo de 2009 en Parashat Hashavúa

Shabat Shemot

El texto de la Torah que estudiamos esta semana lleva por nombre Shemot – Nombres y comienza diciendo: Veeleh Shemot Benei Israel Habaim Mitzraima… (1:1). Estos son los nombres  de los hijos de Israel que vinieron a Egipto..

Nos relata el asentamiento de los jefes tribales del pueblo hebreo en Egipto en una situación de prosperidad y bendición, pues por Zejut (virtud) de Iosef sus hermanos  tuvieron lugares de privilegio en el reino del Faraón.

Pero ha habido un gran olvido, un gran descuido y, tal vez, el error mas grande que podemos más grande que podemos cometer los sere humanos: el “acostumbramiento”.

Todo aquello que nos es placentero nos genera las ganas de que siempre sea así y nos olvidamos que, como seres parte de un universo en constante movimiento y cambio, nunca podemos aferrarnos a nada. Ni a seres humanos ni a situaciones materiales, ni a creencias, ni a posiciones de privilegio, etc. Ya que todo es finito; todo es parte de un constante devenir de creación que nos inspira a ser creativos y a movernos, a bailar, a cantar, a ser en la melodía ancestral del Creador  que se despliega por la vida como una bendción.

Cuando no podemos seguir el movimiento. Cuando no podemos danzar al ritmo de la música de la creación. Cuando no podemos cantar y ser canción, la bendición se desvanece, el miedo a perderlo todo se acrecienta y nos hacemos más toscos, rígidos, insencibles. Por un plato de comida y un techo – abarcativos de toda seguridad ilusoria del ser humano -  nos perdemos de la aventura de la vida que es magestuosa. Que es jubilosa y alegre cuando nos permitimos habitar lo desconocido en el espíritu divino del regocijo por el sólo hecho de estar vivos y tener esta experiencia de sentir y vivir la eternidad de Dios.

Por ello en este Shabat de los nombres tenemos la hermosa posibilidad de recordar nuestro propio nombre.

Más allá de que hemos recibido de nuestros padres en sus deseos. Es el momento de conocer nuestros infinitos nombres en las distintas dimensiones que habitamos.

El Shabat nos da la posibilidad de reconocer el tiempo sagrado y allí podemos descubrir que hay un ser en nosotros que ama lo que hoy esta viviendo, pues es el texto de vida al que somos llamados a estudiar y ser protagonistas.

El Shabat nos da la posibilidad de registrar que la vida fluye en el aroma del paraíso pudiendo recordar que allí también habitamos.

Infinitas posibilidades…
Infinitos nombres…
Infinitas dimensiones…
El ser uno con el único.

El Shabat se acerca, lo sentimos en todo el cuerpo. El taam-gusto- del tiempo santo se percibe en cada célula.

Leja’ dodi likrat kala. Vayamos, nosotros, los amados al encuentro de la novia Shabat y que el Eterno nos consagre en un enlace colmado de amor, de paz y de bendición.

Shabat Shalom Umeboraj

Un abrazo de corazón a corazón

Rabbí Baruj Miller

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