Publicado el 19 de Marzo de 2009 en Parashat Hashavúa

Shabat Terumah

Queridos compañeros de camino:

Habló Adonay a Moshé diciendo: Habla a los hijos de Israel y que tomen en Mi Nombre ofrenda. De todo hombre, a quien la voluntad mueva su corazón, habréis de tomar ofrenda para Mi. (Exodo 25: 1 y2)

Así, con estas palabras comienza la Parashá de esta semana Terumá (Ofrenda).

Las ofrendas desde el corazón son aquellas que nos permiten construir Su Morada en este devenir de sucesos maravillosos que representa la existencia.

Todo lo que hacemos en la vida puede ser ofrendado para construir un Santuario.

Un “Lugar” en donde podemos tomar contacto con la tierra que pisamos, reconocerla, amarla, escucharla, respirarla y sentir que pasa dentro del cuerpo en el que hacemos el viaje en humanidad.

Un “lugar” en donde nos unificamos con el planeta para ser en él hasta que entre ambos ya no haya distancia. Entonces pensamos,  respiramos y sentimos en conciencia planetaria.

Cuando esta Devekut –apegamiento- sucede podemos decir que el trabajo siguiente será elevarnos hacia las alturas celestiales. ¿De qué manera?

Simplemente tomando contacto con la ilusoria imagen a la que llamamos cielo para darnos cuenta que en esa infinitud somos una estrella más que ilumina y escribe sobre el pergamino del Universo. Me siento ser humano porque me siento tierra siendo cielo. Somos en conciencia universal.

Entonces ya no hay distancia entre lo que, a priori, para mi era tan claro en las diferencias.
Todo está perfecta y armonicamente ensamblado en unidad para ser en la misión Suprema del Cosmos que se des-vela siendo Dios.

Las ofrendas desde el corazón son para poder construir un recinto sagrado en donde podamos sentir, en santidad, Su Presencia Divina –Shejinah- moradora del Todo Sagrado manifiesto en lo creado e increado.

Pero este ejercicio de “construir” no podría ser llevado a cabo si no tuviéramos los elementos para armar y ensamblar cada parte de lo que, para cada ser, conforma un Santuario para El Eterno.

Las directivas son claras. El proyecto del Mishkán es elocuente: Un lugar en el que resida amorosamente la esencia de la vida, en el que la Presencia Eterna pueda asentarse y por sobre todo, un lugar que se pueda “desarmar” una y otra vez para recorrer el luminoso sendero –camino en el desierto de la vida- que nos lleva a habitar, a morar en el Gran Santuario de la Vida Toda.

El movimiento, la puesta en  acción de muchas manos al sevicio de la voluntad del corazón, la creatividad, el amor inmenso por la Vida, el pensamiento y el discernimiento. Todo es puesto en marcha para poder construir sabiendo que para poder fluir en el ritmo divino del Universo somos llamados a deconstruir apenas pensamos que terminamos la obra.

Asumir este desafío es correrse de todo modelo cultural de permanencia. De toda actitud egótica y narcisista en donde nos enamoramos de aquello que vamos haciendo.

Tener presente que el yo que se atribuye haber construido y haber trabajado y cree que es su obra, se aleja de este espíritu de ofrenda desde el corazón que la Torah nos ilumina, pues solo satisface su propio ego perdiendo el espíritu de ofrenda.

El trabajo no es sencillo. El mundo en el que transitamos con patrones culturales establecidos en los modelos de conveniencia y asentado sobre cimientos de construcciones efímeras, nos dice todo lo contrario a lo que hoy estudiamos.

Pero el Shabat nos da la posibilidad de Estudiar la Torah estudiando la Vida.
Nos regala este “espacio-tiempo sin espacio-tiempo” para reconocernos en Unidad con lo Unico y nos inspira a juntar fuerzas –voluntad desde el corazón- para armar prviendo el desarmado.

Hoy podemos pensar y reflexionar acerca de lo que tenemos por delante. Y reconocer que toda obra creativa se da cuando es ofrendada desde la voluntad puesta en el corazón para acompañar el dinámico entretejido estelar del Cosmos que nos da la posibilidad de brillar, siendo humanos, en su glorioso firmamento.

Baruj Atah Adonai, Mekadesh HaShabat.

Bendito Eres Tú, Oh Eterno. Que Santificas el Shabat.

Shabat Shalom Umevoraj

Un abrazo de Corazón a Corazón

Rabbí Baruj Miller

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