Publicado el 19 de Marzo de 2009 en Enseñanzas de Nuestro Rabbí

Tres Malajim

Cuando llegó la Noche y el Sueño desplegó su manto sobre la faz de la Tierra, abandoné mi lecho y caminé hacia el mar diciendo:

“El mar nunca duerme, y en su vigilia hay consuelo para el alma despierta.”
Cuando llegué a la playa, la bruma de las montañas había cubierto la región como un velo que adorna el rostro de una joven. Miré las múltiples olas y escuché la plegaria de Dios;medité entonces sobre el poder eterno que ellas encierran, ese poder que se despliega con la tempestad, crece con el volcán, sonríe a través de los labios de las rosas y canta con los arroyos.

Entonces, sentados en una roca, vi tres Malajim-ángeles servidores. Avancé, como si algún poder me empujara contra mi voluntad.

Me detuve a pocos pasos de ellos, como dominado aún por una fuerza mágica. Uno de ellos se levantó en ese momento y, con una voz que parecía surgir del fondo del mar, dijo:

-La vida sin Amor es como un árbol sin flores ni frutos. Y el Amor sin Belleza es como una flor sin perfume o un fruto sin semilla… La Vida, el Amor y la Belleza son tres personas en una, que no pueden separarse ni cambiar.

Un segundo Malaj – enviado, con voz rugiente como agua torren­tosa, dijo:

-La Vida sin Paz es como las estaciones sin prima­vera. Y la Paz sin justicia es como la primavera en un desierto árido… Vida, Paz  y Justicia son una sola y no pueden cambiarse ni separarse.

El tercer ángel servidor habló entonces con voz sonora como el resonar del trueno:

-La Vida sin Libertad es como un cuerpo sin alma, y la Libertad sin Reflexionar es como un espíritu confuso… Vida, Libertad y Reflexión son una sola y Eterna y Energía.

Luego los tres ángeles se levantaron y con voz tremenda dijeron:

Lo que engendra el Amor
Lo que crea laPaz,
Lo que exalta la Libertad
Son tres manifestaciones de Dios
Y Dios es la expresión
viviente del Universo.

El susurro de alas invisibles y el temblor de cuerpos etéreos se mezcló entonces con el Silencio que prevaleció y se enseñoreó.

Cerré mis ojos y escuché el eco de lo que acababa de oír; cuando volví a abrirlos sólo vi el mar envuelto en niebla. Me acerqué a la roca en la que se habían sentado los tres seres y encontré solamente un hilo de humo de  que trepaba hacia el cielo.

Aquellos tres seres, tal vez,  se aparecieron a Abraham Avinu a la entrada del Ohel – la tienda, para anunciarle una misión sagrada en la vida, o,tal vez, se hacen presentes aquí:  en este Ohel Moed – en esta Tienda del Encuentro.

El mensaje de Servicio será aquel que podamos escuchar con nuestro propio corazón. El Lev shmá, el corazón que escucha, podrá ser  de aquel ser  que está dispuesto a hacer la ofrenda en amor, en paz y en libertad.  AMEN

RSSSuscribirse vía RSS