Publicado el 3 de Abril de 2009 en Enseñanzas de Nuestro Rabbí

Acercamiento a Dios

EN ESTE INSTANTE NOS TRANSFORMAMOS EN ORACIÓN

Esta oración que, en este momento, sale de nuestro propio cuerpo nos inspira a habitarla. No la decimos, solamente, sino que somos en ella. No es sencillo el procedimiento de decir siendo, pero vale el esfuerzo intentarlo.

Mientras leo, necesito que todos los recursos con los que cuento para la vida estén a mi disposición para el desafío que tengo por delante. Reconozco que el texto está frente a mi y que hay una distancia entre el y yo.

Entonces el primer paso, tal vez sea acortar tal distancia hasta que ya no pueda distinguir entre texto y mi persona, pues estoy decidido a encarnarlo, a ser.

Reconozco un proceso de pensamiento, de desciframiento, de vibración para que cada letra, palabra, cada frase sea yo mismo en el momento de la ofrenda.

Me doy cuenta que es imposible decir una sola palabra si no respiro, en consecuencia no puedo comenzar a ser oración si no soy antes respiración. Necesito comprometerme en el acto de respirar, entonces la oración debe esperar un poco…

Inhalo y exhalo, Inhalo y exhalo. Y me surge una pregunta: ¿qué pasa entre cada inhalación y exhalación? ¿Cuánto dura? ¿Cómo funciona? ¿Es automática? Y si es automática y al mismo tiempo tengo la posibilidad de modificarla, ¿es tan automática?

Resulta que iba a rezar, a decir la oración y me di cuenta que necesito respirar para tal proceso, y ahora me compliqué la vida con la respiración y me surgen más preguntas…

¿Cuántas veces respiro antes de decir la plegaria? ¿Cuál es el ritmo justo para comenzar? ¿Cuántas palabras podré decir en cada ciclo respiratorio?…

Pero antes de todo esto… ¿Qué me lleva a querer decir la oración y a ser en ella?

Siento que es una tarea demasiado importante y que, en realidad, cada cosa que hago necesita de mi atención, de mi cuidado, de mi compromiso y de mi conocimiento. No es sencillo, pero vale el esfuerzo intentarlo.

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