Publicado el 4 de Abril de 2009 en Enseñanzas de Nuestro Rabbí

Somos instrumentos de la Sinfonía Universal

Estamos frente al instante mismo de la Creación. Ese momento sin tiempo que requiere de nosotros máxima concentración para disponernos a realizar la tarea.

El Poder Divino se manifiesta ahora en aquel que está viviendo  y no muriendo este instante. Vivir es Ser en la Creación y morir es olvidarla, olvidándose de si mismo.

Por ello cuando el Shir HaShirim – Cantar de los Cantares -  nos dice que el amor es superior  a la muerte, nos inspira a transformar nuestras obras en canción. Pues, es  la música, uno de los medios en  donde el Espíritu del Creador del Universo se manifiesta con mayor elocuencia.

Solo  se trata,  entonces, de cantar con Él,  de  armonizar con Él,  de entrar en el Eterno ajuste de afinación de la naturaleza para devenir en el canto armonioso que todo lo sostiene y en el que viajamos desde hace millones de años, ciclo tras ciclo, siendo Vida.

Pasa la tarde y llega la noche. Distinguimos entre el día y la noche. El crepúsculo nos sumerge en el océano de Luz y nos cuenta que no hay dualidad. Que todo lo que nosotros creemos que cambia es parte del eterno devenir de continuidad.

El movimiento es la Vida, en él nos movemos y en él vibramos.  Allí se des-vela una manera de acercarnos a Dios: siendo el movimiento mismo de Infinita Creación.

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