Publicado el 21 de Abril de 2009 en Enseñanzas de Nuestro Rabbí

CUENTO – Los Dos Jasidim

Se trataba de dos jasidim que vivían en un islote cada uno de ellos.

El jasid joven se había hecho muy célebre y gozaba de gran reputación, en tanto que el anciano era un desconocido.

Un día, el anciano tomó una barca y se desplazó hasta el islote del afamado ermitaño. Le rindió honores y le pidió instrucción espiritual.

El joven le entregó una tefilah y le facilitó las instrucciones necesarias para la ofrenda de la misma.

Agradecido, el anciano volvió a tomar la barca para dirigirse a su islote, mientras su compañero de búsqueda se sentía muy orgulloso por haber sido reclamado espiritualmente.

El anciano se sentía muy feliz con la Tefilah
.
Era una persona sencilla y de corazón puro. Toda su vida no había hecho otra cosa que ser un hombre de buenos sentimientos y ahora, ya en su ancianidad, quería hacer alguna práctica novedosa.

Estaba el joven jasid leyendo las escrituras, cuando, a las pocas horas de marcharse, el anciano regresó. Estaba compungido, y dijo:
Mi querido Javer, resulta que he olvidado las palabras exactas de la Tefilah.

Siento ser un pobre ignorante. ¿Puedes indicármela  otra vez?

El joven miró al anciano con condescendencia y le repitió la oración.

Lleno de orgullo, se dijo interiormente: “Poco podrá este pobre hombre avanzar por la senda hacia la Realidad si ni siquiera es capaz de retener una plegaria”.

Pero su sorpresa fue extraordinaria cuando de repente vio que del anciano jasid se elevaba una llama ardiente que lo elevaba hacia el cielo.

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