DECIR Y HACER – Ricardo Sueiro
Aquietar la mente permite comprender, permite correr los velos de delante de
nuestros ojos, y acceder a la realidad. Y la realidad es, solamente, la
expresión de la verdad.
Hablamos de velos y pensamos en situaciones negativas, inconvenientes,
dolorosas. Pero la más de las veces, esos velos están disfrazados de placeres
físicos, mentales y hasta espirituales.
¿Cómo puede ser esto?
Muy simple: para poder llevar adelante nuestras vidas,
armamos, construimos situaciones ideales en nuestra mente, que justifican y
hasta hacen deseable mantener relaciones o situaciones de diverso tipo, que
hasta pueden ser perjudiciales para nuestra vida.
¿Por qué lo hacemos?
Bien puede deberse a que no nos amamos lo suficiente, no pensamos que merecemos
otra cosa, nuestra estima es muy baja, etc.
O bien, una vez que vemos lo negativo, somos cómodos o cobardes, y ponemos
miles de excusas para no cambiar o romper ese paradigma.
Nunca somos victimas, siempre somos actores, del mismo modo que elegimos
mentirnos, podemos elegir la verdad.
Pero también es cierto que la verdad obliga a elegir y actuar en consecuencia.
Todos declamamos nuestro deseo, pero ¿cuántos estamos dispuestos a realizarlo?
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