Publicado el 24 de Septiembre de 2009 en Iluminemos el Mundo

Amor – Ricardo Sueiro

Estar centrados en nuestro YO, no en el YO plano, egoísta, tridimensional, sino
en el YO elevado, cósmico, multidimensional.
Un YO que es fuente de irradiación, un YO que crea un circuito permanente de
amor, que trasciende nuestras limitaciones físicas, un YO que no tiende al
nosotros como erróneamente se cree (ya que el nosotros fija la individualidad,
por más que sea un grupo) sino que tiende al UNO, con todo aquel que se halla
dentro del rango de esa luz que se irradia.
La luz más potente se logra, cuando los dos polos de esa energía espiritual se
hallan y se fusionan, abriendo el camino a la máxima realización, ya que como
toda energía la unión de la dualidad (positivo-negativo, masculino-femenino,
hombre-mujer, amado-amada,…) es la única posibilidad de volver al estado
original.
El camino contrario lleva al agotamiento, la disgregación, la oscuridad.
Desde ese centro elevo mi rostro y veo el cielo, alzo mis brazos y lo recibo, en
perfecta comunión, recreando la forma básica de la creación, un triángulo,
formado por los dos polos del amor humano y Dios.