Publicado el 24 de Septiembre de 2009 en Iluminemos el Mundo

El hombre busca regresar a la unidad – Ricardo Sueiro

Lograr su completitud

Cuando Dios creó al hombre, lo hizo tan hermoso y perfecto que los Ángeles se pusieron celosos de él, y se quejaron al Creador por esto.
Cómo era posible que hubiera alguien, un ser, capaz de crear, dirigir y dominar a otros seres?
En respuesta a ese reclamo El Eterno aumentó aún más la importancia de su creación .Tomo a Adam y lo puso en el Edén.
Como su amor es tan grande, tan infinitamente abarcador hizo a Adam a su imagen y semejanza. Y como sólo EL sabe los profundos secretos de la Creación, hizo descender al hombre a la Tierra, al mundo material.
Un mundo donde toda la potencialidad dada por el Creador al hombre, será puesta de manifiesto a cada instante.
Pero para que esto ocurriera fue necesario pasar del mundo de la unidad, donde Dios, hombre y creación eran y son UNO en todo sentido, a un mundo donde ilusión/velos mediante todo se manifiesta en la dualidad y la multiplicidad.
Es allí donde el hombre despliega su don más alto, más elevado y que constituye la marca inconfundible de que somos el punto máximo de la Creación, el destinatario del mayor amor existente, el Amor de Dios, y ese don es nuestra libertad de elección.

Tanto nos ama Nuestro Padre, que nos puso en el centro de la Creación y nos dio absoluta libertad.

Al encontrarnos en este mundo, nos hallamos separados del Santo, bendito sea, por velos que filtran su luz. Pero en realidad, no hay tal separación, todo es ilusión; ya que velos, Creador y Creación son todo y uno a la vez.
Para poder sentir, comprender y valorar su Amor, es que en términos de este mundo material, EL nos colocó en el Gan Edén, como primera ficción de separación.
Pero era tal la unión que aún ahí existía, que no era posible que el hombre comprendiera e identificara la majestuosidad del Amor de Dios.

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