Nos Preparamos – Ricardo Sueiro
Hablamos de juicio y expiación, hablamos de pecado y trasgresión.
Repetimos fórmulas, gestos, oraciones y cantos. Si alguien nos pregunta por
qué lo hacemos o para qué lo hacemos ,nuestra respuestas podrían ser : que en
tal celebración se hace tal cosa ; o bien , que siempre lo hice así ; o en
otros casos será …es la tradición … , y así siguiendo .
Frente a esta situación podemos seguir así como siempre, haciendo lo que se
debe en el momento que se debe, sin saber porque ni para que .O bien podemos
pasar a ser actores principales y cabales de estos momentos.
No está mal mantener tradiciones y procederes, si así sentimos que somos uno
con EL ETERNO y logramos vivir en ese estado de comunión con EL CREADOR y la
Creación. Pero si no se nos mueve ni un pelo con el significado de lo que
hacemos, entonces ¿para qué?
Si no comprendemos desde lo mas íntimo de nuestro ser, la fuerza y la verdad
que debe acompañarnos en estos momentos, nos estamos privando de la esencia de
la vida misma.
Sólo se puede amar y desear aquello que se conoce, y al conocimiento se llega a
través de la verdad.
Cuando no podemos acceder al conocimiento (no el conocimiento intelectual) ni a
la verdad, estamos presos de las formas .Formas que nos son impuestas, que la
habitualidad nos hace pensar que son lo correcto y lo único. Es entonces que
frente a este vaciamiento de contenido, comienza a surgir una superficialidad
que se retroalimenta de culpa y juicio fatuo.
Le perdemos el olfato a lo medular y nos entretenemos en lo secundario.
Sólo se trata de una cosa, vibrar en sintonía con la sinfonía universal de la
creación, dejarnos llevar por el corazón, reconocernos tal y como somos
internamente. Hacer el esfuerzo por vernos desnudos frente a nosotros mismos ,
arrancando de encima nuestro las infinitas capas de impostura que fuimos
acumulando , queriendo o sin querer , por miedo o por convicción , pero que nos
han puesto en un lugar muy lejano de nosotros mismos , y en consecuencia de EL.
Tratemos de elevar nuestros puntos buenos, corregir el error. Somos hombres, y
como tales habitan en nosotros virtudes de muy distinto signo: amamos, odiamos,
creamos, destruimos, somos verdad y somos mentira.
Todo en nosotros es dual. Por eso cuando enfrentamos el momento de expiación, el
momento del perdón, deberíamos ajustar nuestra sintonía y entender que no
puedo prescindir de mi odio, porque a través de él puedo saber lo que es amar,
que no puedo prescindir de mi dolor, porque a través de él llego al placer,
que no puedo prescindir de mi ira, porque a través de ella puedo reconocer mi
paz.
Simplemente yo no puedo acabar con todas mis virtudes negativas, porque también
acabaría con la posibilidad de desarrollar las positivas, ya que no hay uno sin
el otro.
Si como siempre decimos “… somos a imagen y semejanza del Creador…”,
todo está dentro nuestro al igual que en EL, entonces nuestro trabajo será
recordarlo, perfeccionarlo y volver a EL.
Podemos pensar que hay 248 cosas que debemos hacer y 315 que no debemos hacer, y
que con eso está todo listo. Nada más equivocado , porque si en todo lo que
hacemos no se encuentra un anhelo de paz para nuestra alma , una búsqueda del
bien y de la verdad , a pesar de nuestras limitaciones y miserias temporales,
será allí en ese páramo de ausencia que estaremos cerrando la puerta del
cielo que nos está preparada