Shabat Haazinu Shuvah
Queridos compañeros de Javurah:
Haazinu HaShamaim VaAdaberah VeTishmá HaAretz Imre Fi. Escuchen Cielos que hablaré. Que la Tierra atienda los dichos de mi boca… (Deuteronomio 32:1)
Palabras de apertura que nos permiten ser en la Torah que llega hasta nosotros esta semana y que nos bendicen en este Shabat a través del poema que se hace canción en la inspiración profética del Ser Humano.
Mosheh canta a los Cielos y a la Tierra, canta a la Eternidad, canta a la Vida aquello que brota de su corazón diciendo: Mi enseñanza descenderá como lluvia, mi parábola fluirá como el rocío, como tempestades sobre la vegetación y como gotas de lluvia sobre los pastos. Cuando proclame al Eterno den Gloria a Nuestro Dios (Deuteronomio 32:2-3).
La canción surge desde el Rúaj Primordial, desde el Hálito de Vida ancestral de la Creación. La canción viaja más allá del tiempo y del espacio para ser en aquellos que estén dispuestos a ser canales de Oración.
La canción surge a modo de ofrenda del manantial del Corazón de Dios para acariciar la hierba del campo en nutriente exhalación de Vida. Es palabra que viaja y se desliza en las aguas radiantes del Río de Luz infinito para traernos el Sustento que nos inspira a ser en Bendición.
En la canción cantamos. En la canción somos cantados. En la canción volvemos a nuestro estado de Belleza para recordar que somos Bellos en Perfección de Creación Eterna. En la canción brillamos con el esplendor del Sol que nos “recuerda” que somos Seres Luminosos en constante pulsión amorosa, fecundando la Vida en acción concreta.
Cuando somos capaces de cantar, “volvemos”, “retornamos”, hacemos piso en el “Lugar Justo” dde Santidad y por ello a través de la canción santificamos cada sitio en el que estamos siendo en Presencia y lo des-cubrimos como “Makóm” “Lugar Sagrado”.
En este des-cubrimiento nos des-cubrimos. Y al des-cubrirnos se corren las barreras ilusorias que nos opacan y no dejan que la Luz Eterna emane su calor y Bendición hacia todo lo que nos rodea.
Por ello canto para que mis células existentes y sutiles vibren en el recuerdo de la melodía ancestral con la cual, el Boré HaKol -Creador del Todo- me dice que siempre puedo “volver” a “mi Hogar”. Que siempre estoy en Él y que en los momentos de oscuridad y densidad hay una canción reservada que me espera para ser en ella siendo en mi, siendo en Dios.
El Shabat me inspira a cantar, a elevar mi voz hacia los Cielos y la Tierra y saber que ellos siempre están Presentes para elevar la canción en Eternidad hasta los confines del Universo.
Así pasa con todo lo que hacemos, pensamos, decimos. Toda la Creación vibra y resuena con ello y, por lo tanto, somos llamados a ser conscientes y responsables, a estar atentos a cada paso que damos, a cada decisión que tomamos. No podemos olvidar que somos protagonistas fundamentales en el devenir universal. Por ello necesitamos “recordarlo”.
El Profeta Oseas dice: Shuva Israel Ad Adonai Eloheja. Vuelve Oh, Israel, hacia el Eterno, Tu Dios (Os. 14:2)
Nos invita a retornar en humanidad hacia la Fuente de Vida y a reconocer que podemos dejar las pre-ocupaciones para ocuparnos de aquello que estoy siendo, cual canción que se va pariendo en cada nota y en cada palabra que hacen que la vida pueda ser cantada, elevada, honrada.
BARUJ ATA ADONAI MEKADESH HASHABAT.
Bendito seas, oh Dios, que santificas el Shabat. Amén
Shabat Shalom Umevoraj.
Un abrazo de Corazón a Corazón.
Rabbí Baruj Miller.
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