Publicado el 14 de Mayo de 2010 en La Parashah de la Semana por Alberto Gorbatt

Parashá BaMidbar

Bamidbar, en el desierto

Y habló Dios a Moshé en el desierto del Sinaí -en la Tienda de Reunión- en el día primero del segundo mes, en el año segundo de su salida de la tierra de Egipto, diciendo: Censa a todas las personas de la congregación de los hijos de Israel de acuerdo a sus familias y la casa de sus padres, acorde con el número de nombres, todo varón de acuerdo con sus cabezas.

Esta Parashá nos pide una vez más reunirnos en el Ohel Moed y vivir en el desierto, reunirnos en comunidad y desnudarnos de todo preconcepto para abandonar de una vez por todas todo eso que sabemos que no es bueno para nosotros… porque dentro de una semana tenemos la posibilidad de recibir nuevamente la Torah, de renacer, de tomar una nueva forma, una nueva dimensión… de hacer de nuestras vidas algo todavía más bello, y eso no lo podemos hacer con nuestros viejos hábitos y con pesadas mochilas. Pero a la vez este censo no es un censo cualquiera porque nos pide contar de una manera muy detallada todas nuestras virtudes, nos pide recordar que tenemos todo lo que necesitamos para este viaje… nos pide que seamos consientes de todas nuestras potencialidades, nos pide redescubrir todo lo hermoso que tenemos dentro nuestro para compartir y ofrendar en la vida.

Ayer Bernardo en la clase de Kábala nos recordaba el significado del camino hacia nuestro ser pasando por cuatro estados que se reflejan en nuestro cuerpo físico, concretamente en los cuatro hemisferios de nuestro cerebro: el instintivo, el intuitivo, el racional y la totalidad -un 25% para cada uno-… nos decía que no podemos negar a ninguno de estos estados humanos pero que a la vez necesitamos que los cuatro estén en equilibrio, en armonía… y esto lo pude comprobar esta última semana.

Lo sentí, cuando tuve que decidir sobre algo que me traía recuerdos del pasado, sobre cosas que creía haber superado y que ante la visitación tuve que dar una respuesta… mi primer reacción fue instintiva y la negué, como si eso me protegiera… luego intuitivamente sentí que algo no estaba bien, que en este momento esa respuesta ya no resonaba conmigo, que no era sano para mí… entonces racionalmente busqué nuevas explicaciones y alternativas (es sorprendente la cantidad de diferentes alternativas que tenemos ante una misma visitación)… y finalmente todo estuvo en paz.

Lo sentí a partir de un encuentro maravilloso que me permitió descubrir que podemos conectarnos con un verdadero estado de amor, que existe otra forma de estar con el otro, una manera compartida mucho más armónica, más sutil… nuevamente lo instintivo dio lugar a la intuición y lo racional me permitió reconocer en ese encuentro una revelación… y finalmente todo fue más bello.

Entonces leo la Aliá que eligió Bernardo para mi Kabalat A Torah que dice:

“Moshé vino y convocó a los ancianos del pueblo, y puso ante ellos todas estas palabras que El Eterno le había ordenado. Todo el pueblo respondió al unísono y dijo: «¡Todo lo que El Eterno ha hablado lo haremos!». Moshé transmitió de vuelta las palabras del pueblo a El Eterno…

entonces le pido a mis Ángeles Servidores que le lleven a El Eterno mi respuesta a Sus palabras, y Le digo humildemente que seguiré estudiando las enseñanzas de Su Torah de vida porque no concibo otra manera de estar parado en el mundo, que no admito para mí ningún atajo ni me conformo con nada que me aleje de la belleza, que le doy gracias por la bendición que es la vida y por esta nueva posibilidad de recibir la Torah.

Shabat BaMidbar

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