Publicado el 25 de Mayo de 2010 en La Parashah de la Semana por A. Gorbatt

Reflexión Shavuot

Esta semana, mientras reflexionaba sobre lo que había escrito el Shabat pasado respecto a mi Aliá y el significado tan especial que para mí tiene esta celebración de Shavuot en la casa de Hernán, pensaba que fantástico es trabajar el Pardés para entender lo que nos pasa, y me preguntaba cómo volcar estas enseñanzas a la acción… entonces recordé las interpretaciones del Zohar sobre el “Lej Leja” y entendí el real sentido del hecho de “soltar y ofrendar”.

“Vete por ti, de tu Tierra, de tu lugar natal y de la casa de tu padre a la Tierra que te he de mostrar.

Vete por ti para conocerte a ti mismo… para que tu luz te ilumine a ti, y a todos los descendientes que salgan de ti de aquí en adelante”.

Evidentemente, estudiar así la Torah, como nos enseña la Kabalah, ya no es un mero ejercicio intelectual… las palabras ya no son solo símbolos o metáforas, no expresan simplemente buenas intenciones sino que si las empezamos a encarnar realmente nos transforman.

Como me seguía resonando la historia seguí leyendo y encontré una parte donde Abraham le dice a Lot: “sepárate de mí, si fueres a la izquierda yo iré a la derecha”… y me di cuenta que ahora vuelvo a “soltar y ofrendar”, porque como Abraham sé que esa energía ya no resuena conmigo… la historia continua y cuenta que Abraham se unió a Sara “del lado de la santidad”, y ahora como Abraham se que esa es la única manera como vale la pena compartir la vida.

Llego al párrafo donde Abraham recibe siete Bendiciones y allí nos dice que El Eterno le llegó a Abraham en una visión, diciéndole: “No temas, Abraham, Yo soy un escudo para ti, tu recompensa es muy grande”… y justo ayer, en la clase de Kabalah, Bernardo nos hablaba acerca del vivir sin miedos, sin especulaciones, en un estado de confianza, como el Baal Shem Tov cuando caminaba con los ojos cerrados por el bosque y la montaña se acercó para permitirle cruzar el precipicio… nos decía que podemos vivir en estado de oración, incluso mientras hacemos lo que tenemos que hacer todos los días.

Entonces me doy cuenta que ese es el estado de ascensión, que puedo celebrar Shavuot todos los días de mi vida, levantarme por las mañanas y decir como Abraham:

“Y Tu El Eterno eres mi escudo, mi gloria y levantas mi cabeza”

Amén, Amén, Amén Ve Amén Selá


Shabat Shavuot