Parashá Shelaj Lejá
Parashá Shelaj Lejá
La parashá Shelaj Lejá nos cuenta que antes de entrar a Israel, Moshé envió espías para que exploren la tierra e informen acerca de los pueblos que la habitaban… elige a un miembro de cada tribu y les dice: “Vayan por el sur y suban hacia las montañas. Y observarán cómo es la tierra y cómo son sus habitantes: si son fuertes o débiles, si son pocos o numerosos”.
Pasado un tiempo, los doce espías regresaron y frente a Moshé, Aharón y el pueblo, comenzaron a describir lo que habían visto:
“Llegamos a la tierra que nos has enviado, y también ella fluye leche y miel, y estos son sus frutos. Pero es poderoso el pueblo que la habita, y las ciudades son poderosas y muy grandes, y también vimos a los hijos de los gigantes”.
En ese momento el pueblo hebreo comenzó a perder el control. Al ver esto, Caleb, uno de los doce exploradores, irrumpió diciendo: “Habremos de ascender y la heredaremos, pues podemos vencer”. Pero otros diez espías continuaron diciendo: “No podremos vencer al pueblo porque es más poderoso que nosotros… La tierra que exploramos es una tierra que traga a sus habitantes, y todo el pueblo que vimos en ella son gigantes, y nos vimos como insectos, y así también nos vieron ellos”.
Todos sabemos cómo siguió la historia, el pueblo creyó la versión de los diez espías, se desesperaron y lloraron toda la noche… Dios castigó al pueblo y decretó que todos los hombres mayores de veinte años no entrarían a la tierra de Israel y morirían en el desierto, solo sus hijos y mujeres iban a tener el mérito de entrar a la tierra sagrada, porque ellos sí confiaron y la amaron.
Como nada es casual, ayer en el curso empezamos a estudiar cabalísticamente al Quijote… porque Don Quijote también vio a los gigantes, y al leer la historia me imagino que quizás también en ese momento escuchó la voz de Caleb, trascendió sus miedos, y confiando en Dios le dijo a su escudero:
“La ventura va guiando nuestras cosas mejor de lo que acertamos a desear, porque ves allí, amigo Sancho Panza, donde se descubren treinta, o poco más, desaforados gigantes, con quien pienso hacer batalla y quitarles a todos las vidas, con cuyos despojos comenzaremos a enriquecer, que ésta es una buena guerra, y es un gran servicio a Dios quitar tan mala simiente de sobre la faz de la tierra”.
Todos recordamos las advertencias de Sancho Panza y como terminó la batalla contra los gigantes… pero si seguimos leyendo y no nos quedamos con lo anecdótico de la historia, podemos descubrir una nueva mirada en la respuesta del Quijote: “que las cosas de la guerra, más que otras, están sujetas a continua mudanza… que si no me quejo del dolor, es porque no es dado a los caballeros andantes quejarse de herida alguna, aunque se le salgan las tripas por ella”.
La historia continúa y aquella noche Dan Quijote no durmió pensando en su señora Dulcinea, porque como había leído en sus libros de caballería, los caballeros pasaban muchas noches sin dormir en las florestas y despoblados, entretenidos con las memorias de sus señoras… y Don Quijote no quiso desayunar porque le bastaba sustentarse con esas sabrosas memorias.
Entonces, como nos dice Baruj en su reflexión de este Shabat, solo será cuestión de cobrar fuerzas, de cargarnos de entusiasmo, de alzarnos en las intenciones de búsqueda y dejar que la alegría nos embriague con todo su esplendor… será solo cuestión de salir al camino como un amante que desea llegar a su amada para tomarse en unidad.
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