Publicado el 7 de Julio de 2010 en La Parashah de la Semana por Ricardo Sueiro

Parasha Pinjas – Ricardo Sueiro

Parasha Pinjas

Más allá de la persona de Pinjas, que será cabeza de la estirpe de los Sumos Sacerdotes del Templo, lo que la Torah nos muestra es la preparación para un nuevo ciclo de evolución.

Las generaciones del desierto llegan a su fin, los acontecimientos van cambiando, la tierra se hace nuestra a medida que la pisamos, ya nos sentimos seguros y pensamos haber superado lo anterior. Pero la vida nos vuelve a presentar las mismas situaciones con otros ropajes, como para recordarnos que el camino nunca termina, y para que podamos medirnos a nosotros mismos, en nuestra real dimensión.

Qué diferencias hay entre la inseguridad y la soberbia; entre el becerro de oro y la lujuria midianita? Podríamos decir que es otra vez Eva, el fruto prohibido y la serpiente?

Cuando un río se sale de cauce, arrasa todo a su paso, y sólo una fuerza aún más grande que la suya puede contenerlo. La firmeza y la fuerza de la Roca, vencen al torbellino de las aguas, y es desde ese único lugar seguro, que podemos avanzar y construir.

Cuando en el hombre son pulsadas sus pasiones, desciende a su condición más básica, rudimentaria, elemental y se acerca así a una conducta casi animal. Se aleja de la luz y se apega a la densidad.

Las acciones de Pinjas, lo llevan a ser merecedor de recibir el Pacto de Paz de parte del Eterno. Recibe el Espíritu Santo.

Aunque sea solo una línea en esta Parasha, quiero rescatar y resaltar esto. Todos nosotros al finalizar la celebración del Shabat, nos saludamos y nos damos la paz. Eso que hacemos, qué es? Nos saludamos porque “…bueno, ya está, ahora me voy a casa…”, o bien porque se cierra así la celebración, o por otros mil motivos. Si somos conscientes de la importancia de este acto, podemos transformarlo y a través de él transformarnos, haciéndolo con la total certeza y honestidad, de que en ese abrazo te estoy dando mi paz, estoy compartiendo mi espíritu. Ese es el momento en que nuestros corazones están más cerca que nunca, pecho contra pecho, yo te contengo en mis brazos y vos me contenés en los tuyos.

Si ese pequeño gesto, lo transformamos en un sincero deseo, de corazón a corazón, de que todas las bendiciones lleguen a mi hermano, en verdad habremos elevado la más pura oración y alabanza al amor del Eterno, y sin lugar a dudas podremos decir que hemos recordado y santificado el Shabat.

Shabat Pinjas

Parasha Pinjas – Sefer Torah

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