Parashah Devarim
“Estas son las palabras que Moshé le dijo a todo Israel, del otro lado del Jordán, respecto del Desierto, respecto de la Arava, frente al Mar Rojo, entre Paran y Tofel y Lavan, y Jatzerot y Dei Zahav”
Estas son las primeras frases de Devarim, el último libro de la Torah que empezamos a leer en este Shabat. Los nombres de los lugares que menciona Moshé son los sitios donde sucedieron los claudicaciones y las rebeliones del pueblo hebreo: “respecto del desierto” (cuando añoraban regresar a Egipto); “respecto de la Arava” (cuando se comportaron en forma inmoral con las hijas de Moab); “frente al Mar Rojo” (cuando no tuvieron confianza en El Eterno para cruzar el mar); “entre Parán y Tofel y Lavan” (donde se quejaron por el Maná) “y Jatzerot” (la rebelión de Kóraj); “y Dei Zahav” (la construcción del becerro de oro).
En este el libro de la Torah, a diferencia de los anteriores, Moshé no transmite la palabra de Dios… aquí es Moshé, en los últimos momentos de su vida, quien le habla directamente al pueblo hebreo y le dice: que ahora, cuando están por entrar a la Tierra Prometida, recuerden todo aquello que en el pasado les causó tanto dolor, que tengan cuidado con aquello que los enfrentó con Dios… que, aunque en el mundo de la acción y reacción suene extraño, para seguir el camino necesitamos detenernos por un momento para volver al Alef, a la unidad. Entonces la sabiduría de Moshé es tan potente y duradera que aún mucho después de su partida, el estudio permanente y la reflexión son enseñanzas que siguen resonando en nosotros… como si en esta Parashá, Moshé hubiera plantando una semilla que sigue dando frutos.
Ayer en la clase surgió la pregunta: por qué estudiamos… y la respuesta de nuestros maestros sigue siendo la misma… una y otra vez nos dicen que no existen faraones ni esclavos… que siempre estaremos viajando, que el camino a cada paso nos pondrá frente a encrucijadas para que podamos elegir y dar nuestra respuesta, para ponernos en movimiento… y que podemos hacerlo simplemente escuchando los sonidos del universo.
Porque, como decíamos el Shabat pasado, sabemos que existe un bálsamo que nos devuelve la paz y la armonía… para disfrutar del amor, del banquete de la vida, como esta semana, cuando juntos miramos al cielo buscando el eclipse, ese momento mágico que como un nuevo ciclo reaparece cada tanto en nuestras vidas, el punto de encuentro del Sol y la Luna.
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