Publicado el 28 de Julio de 2010 en La Parashah de la Semana por Alberto Gorbatt

Parashah Vaetjanán Najamú

Shabat Vaetjanán-Najamú:

El nombre de este Shabat es Vaetjanán-Najamú, y en él revivimos la experiencia de Moshé cuando le implora a Dios para que le permita ingresar a Israel, pero Dios se niega y le indica que simplemente ascienda a la montaña para ver la Tierra Prometida.

Ayer conversando con Bernardo, le preguntaba sobre esta Parashá y él me decía que lo más trascendente estaba en éste primer párrafo… me pregunté por qué, y la respuesta llegó en la meditación que nos envió hoy:

es la experiencia del consuelo. Porque Moshé insiste ante Dios, pero El Eterno le dice: que te sea suficiente, no hables más…

Sobre éste acontecimiento, en el Zohar, el libro del esplendor de la Kabalah, Rabí Jiyá dice: Dios dijo a Moshé, es suficiente para ti que hayas sido unido a la Shejina; no puedes avanzar más. Rabí Isaac continúa y dice:

Bastante tiempo has gozado de la luz del sol que estaba contigo; no puedes hacer más nada, porque ha llegado el tiempo de la luna y la luna no puede brillar mientras el sol no se ha recogido. Por eso, “encarga a Josué y  fortalécelo”; tú que eres el sol debes dar luz a la luna.

La pregunta que me hago entonces es: ¿Podemos vivir nuestro ahora y todos los días en este desapego y a la vez en la potencia de existir? ¿Cómo hacerlo?

Vuelvo a la reflexión de Baruj y leo: “Cada mañana es un nuevo nacimiento en el que nos encontramos

habitando un vehículo-cuerpo compuesto de una gran cantidad de elementos interactuando y funcionando en un estado de Perfección Suprema… cada mañana retornamos a nuestros cuerpos después de haber andado por otros mundos-dimensiones-sueños…

Nuestro vehículo-cuerpo… y nuestra piel… cuentan que un día estaban caminando juntos Rabí Eleazar y Rabí

Jiyá, y Rabí Eleazar dijo: Está escrito: “E hizo el Señor Dios para el hombre y su mujer túnicas de piel y los

vistió”. ¿Hasta entonces estaban desprovistos de esa piel? Sí, porque eran túnicas de gloria… Al principio eran como criaturas celestiales, y desprovistos del tipo terrenal, y luz celestial se movía en torno de ellos. Después de que pecaron se volvieron del tipo de este mundo, y fue retirado de ellos el carácter celestial. Entonces Dios les hizo túnicas de piel y los vistió con el carácter de este mundo. Y era incomparable la belleza de estas vestimentas.

Y además está escrito “Y se abrieron los ojos de entre ambos”… “Y conduciré a los ciegos por un camino que no conocen”.

Entonces el consuelo ya no es por lo perdido o por lo que no podemos alcanzar, el consuelo, como nos dice Bernardo, es agradecimiento por todo lo que recibimos en la vida, por las experiencias y las energías que nos permiten armar nuevamente y por única vez el momento que vivimos.

Como nos dice el Zohar: “Felices los justos que son considerados dignos de esta sabiduría, pues no hay sabiduría como esta sabiduría, ni conocimiento como ese conocimiento, ni hay unión como esta unión.”

Shabat Vaetnaján Najamú

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