Parasha Ekev
Parashá Ekev
El nombre de la Parashá de esta semana, ‘Ekev’, puede ser traducido como ‘porque’ o como ‘en
consecuencia’… cuando lo leía recordé lo que tantas veces estudiamos: que no existe arriba ni abajo,
que lo que hacemos y pensamos resuena en todo el universo, que la energía que permanentemente
nos entrega Dios en bendición siempre estará en resonancia con nuestros pasos… porque, como nos
enseñaba ayer Baruj, Ekev también viene de la palabra “talón”, la primera parte de nuestro cuerpo que
en cada paso que damos hace contacto con la tierra, con el Makom… entonces será cuestión de estar
atentos y conscientes de éstos, nuestros pasos, porque no solamente podemos decidir hacia donde
darlos, sino además, si esos paso serán densos o sutiles, si los damos arrastrando los pies o bailando.
Esta semana la Torah nos muestra a Moshé mientras le relata a la nueva generación que está a
punto de ingresar a la Tierra Prometida todo lo sucedido a lo largo de los 40 años en el desierto…
y les describe a Israel como una tierra de la que mana leche y miel, una tierra de trigo, cebada,
uvas, de higos y granadas, de aceitunas y dátiles… y hoy nos lo vuelve a decir a nosotros, a esta
nueva generación que tenemos la bendición de encarnar, para recordarnos que todo nos es dado en
bendición.
Ayer le comentaba a Bernardo que el párrafo que más me impactó fue aquel en el que Moshé nos
anuncia que el ingreso y la conquista de la Tierra Prometida debemos hacerlo “lenta y paulatinamente,
porque de otro modo la tierra se llenaría de animales salvajes”.
Lenta y paulatinamente, con cuidado y respeto hacia el lugar que pisamos, con responsabilidad,
atentos y conscientes, para que no entren con nosotros nuestras bestias… busqué paralelos para que
me ayuden a entender esta enseñanza de la Torah y me acordé del capítulo del “Monte Análogo”,
donde relata el momento previo al vislumbramiento… que dice así:
“Una vez que llegáramos a la región que debía encontrarse al oeste del Monte Análogo, habría que
ir tanteando. Avanzábamos a poca velocidad y en el momento en que el disco solar estaba por tocar
el horizonte, poníamos la proa hacia oriente y esperábamos, respirando apenas y escudriñando
hasta que el sol desaparecía del todo. El mar era hermoso. Pero la espera dura. Así fueron pasando
días y más días, cada atardecer con esos pocos minutos de esperanza e interrogantes. La duda y la
impaciencia empezaban a asomarse a bordo del Imposible. Felizmente, Sogol nos había advertido que
quizá tales tanteos podían llevarnos de uno a dos meses. Nos aguantábamos. A menudo, para ocupar
las difíciles horas que seguían al crepúsculo, nos contábamos cuentos.”
Entonces me doy cuenta que así estamos hoy, contándonos cuentos, regocijándonos con la vida, en
paz y en confianza, porque sabemos, como nos sigue diciendo el cuento, que:
“En la alta montaña no cabe lo fantástico, porque la realidad es mucho más maravillosa que todo lo
que el hombre pueda imaginar.”
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