Publicado el 1 de Agosto de 2010 en La Parashah de la Semana por Alberto Gorbatt

Parasha Ekev

Parashá Ekev

El nombre de la Parashá de esta semana, ‘Ekev’, puede ser traducido como ‘porque’ o como ‘en

consecuencia’… cuando lo leía recordé lo que tantas veces estudiamos: que no existe arriba ni abajo,

que lo que hacemos y pensamos resuena en todo el universo, que la energía que permanentemente

nos entrega Dios en bendición siempre estará en resonancia con nuestros pasos… porque, como nos

enseñaba ayer Baruj, Ekev también viene de la palabra “talón”, la primera parte de nuestro cuerpo que

en cada paso que damos hace contacto con la tierra, con el Makom… entonces será cuestión de estar

atentos y conscientes de éstos, nuestros pasos, porque no solamente podemos decidir hacia donde

darlos, sino además, si esos paso serán densos o sutiles, si los damos arrastrando los pies o bailando.

Esta semana la Torah nos muestra a Moshé mientras le relata a la nueva generación que está a

punto de ingresar a la Tierra Prometida todo lo sucedido a lo largo de los 40 años en el desierto…

y les describe a Israel como una tierra de la que mana leche y miel, una tierra de trigo, cebada,

uvas, de higos y granadas, de aceitunas y dátiles… y hoy nos lo vuelve a decir a nosotros, a esta

nueva generación que tenemos la bendición de encarnar, para recordarnos que todo nos es dado en

bendición.

Ayer le comentaba a Bernardo que el párrafo que más me impactó fue aquel en el que Moshé nos

anuncia que el ingreso y la conquista de la Tierra Prometida debemos hacerlo “lenta y paulatinamente,

porque de otro modo la tierra se llenaría de animales salvajes”.

Lenta y paulatinamente, con cuidado y respeto hacia el lugar que pisamos, con responsabilidad,

atentos y conscientes, para que no entren con nosotros nuestras bestias… busqué paralelos para que

me ayuden a entender esta enseñanza de la Torah y me acordé del capítulo del “Monte Análogo”,

donde relata el momento previo al vislumbramiento… que dice así:

“Una vez que llegáramos a la región que debía encontrarse al oeste del Monte Análogo, habría que

ir tanteando. Avanzábamos a poca velocidad y en el momento en que el disco solar estaba por tocar

el horizonte, poníamos la proa hacia oriente y esperábamos, respirando apenas y escudriñando

hasta que el sol desaparecía del todo. El mar era hermoso. Pero la espera dura. Así fueron pasando

días y más días, cada atardecer con esos pocos minutos de esperanza e interrogantes. La duda y la

impaciencia empezaban a asomarse a bordo del Imposible. Felizmente, Sogol nos había advertido que

quizá tales tanteos podían llevarnos de uno a dos meses. Nos aguantábamos. A menudo, para ocupar

las difíciles horas que seguían al crepúsculo, nos contábamos cuentos.”

Entonces me doy cuenta que así estamos hoy, contándonos cuentos, regocijándonos con la vida, en

paz y en confianza, porque sabemos, como nos sigue diciendo el cuento, que:

“En la alta montaña no cabe lo fantástico, porque la realidad es mucho más maravillosa que todo lo

que el hombre pueda imaginar.”

Shabat Ekev

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