Publicado el 24 de Agosto de 2010 en La Parashah de la Semana por Alberto Gorbatt

Parashah Ki Tetzé

Ki Ttetzé la Miljamá… Cuando salgas a la guerra

La Parashá Ki Tetzé que leemos hoy continúa el tema de la semana pasada acerca del ir a la guerra… El otro día Baruj me enseñó que la palabra Miljamá no tiene el sentido que habitualmente le damos a la palabra guerra, ya que en hebreo Miljamá no está asociada a la pelea sino fundamentalmente a la búsqueda del sustento… quizás por eso el Shabat pasado leíamos que durante el sitio “los árboles frutales deben ser conservados y no cortados innecesariamente”.

Este Shabat seguimos estudiando y leemos que antes de la batalla un Cohén le hablaba a los soldados, y les pedía que los que nos estaban preparados debían volver a la seguridad de sus casas, porque no todo hombre está en condiciones de salir a la guerra… entre ellos los que tienen miedo:

“Y hablarán los oficiales al pueblo diciendo: ¿Quién es el hombre que ha construido una casa sin inaugurarla? Que vaya y vuelva a su casa, por si muere en la batalla y otro hombre la inaugurará. ¿Y quién es el hombre que ha plantado una vid y no la ha comido? Que vaya y regrese a su casa; por si muere en la batalla y otro hombre comerá de ella. ¿Y quién es el hombre que se ha comprometido con una mujer y no la ha desposado? Que vaya y regrese a su casa, por si muere en la batalla y otro hombre la desposará. ¿Quién es el hombre que teme y su corazón se quiebra? Que vaya y regrese a su casa, para que no desmorone el corazón de sus hermanos al igual que el suyo”.

La Torah nos enseña que debemos reconocer que no siempre estamos en condiciones de ir a la guerra, que no siempre estamos dispuestos a abrir la puerta que está delante nuestro, que eso requiere que nos conozcamos a nosotros mismos en un estado de verdad, que nos preparemos para habitar un estado de belleza… y aún si logramos ese estado especial, nos exige que tratemos con sumo cuidado y respeto a la mujer que Dios ponga en nuestras manos:

“Cuando salgas a la guerra, en contra de tus adversarios, y lo entregue Dios en tu mano, y capturares un cautivo. Y veas entre los cautivos una mujer bonita, y la deseares, la podrás tomar para ti por esposa. Pero la traerás a tu hogar; rasurará su cabeza y dejará crecer sus uñas. Se quitará el ropaje de cautiva, y permanecerá en tu casa y llorará a su padre y a su madre por un mes. Después de esto podrás desposarla; y será para ti por esposa. Y si no la desearás a ella, la liberarás de acuerdo con su voluntad, pero no podrás venderla por dinero; ni comerciarás con ella ya que la has vejado”.

La Torah ordena que a esa mujer se le otorguen 30 días para que pueda separarse de su padre y madre… cuál es el significado de éste párrafo? “Rabí Akivá dijo: ‘Su padre y su madre’ se refiere a la idolatría”. En ese momento la mujer estará dispuesta a recibir, a vivir sin miedos… en ese momento la mujer abrirá la puerta al paraíso, al Pardés, y se animará a entrar, aunque como le pasó a los 4 Sabios, no sepa cómo saldrá. Entonces el Zohar la mirará y, de manera sublime, dirá: “‘Una hermosa mujer – una hermosa alma”.

Ahora entendemos por qué sólo una persona con una visión completa del mundo puede ir a la batalla. Porque cuando él vea a esa hermosa mujer, él verá un alma hermosa. Sólo una persona completa verá su exterior hermoso, pero, por sobre todo, verá su alma hermosa.

La batalla no es simple y tanto el éxito como el fracaso tendrán sus consecuencias… la locura, el suicidio, la herejía o la sabiduría son posibles… una vida plena o múltiples heridas se juegan en un delicado equilibrio… pero sabemos que siempre tenemos la posibilidad de elegir por la vida, que podemos ser guerreros impecables y elevarnos espiritualmente para tomar parte de esa batalla, y allí reconocer a ‘Una hermosa mujer – una hermosa alma’.

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